UN DÍA MÁS DE LA HISTORIA
Hoy fue apenas un día más de la historia.
Un acurrucarse de los huesos,
un parto con millones de bocas,
es decir mi necesidad,
es decir las murallas entre las palabras más simples
y los abismos acechantes de la superficie.
Alguien dijo de eso locura.
Hoy fue el tiempo que pasó de lejos y mis manos,
que pasaron de cerca.
Hoy fue mi plegaria inútil
frente a la devoración del verano.
Hoy el peregrinar inmemorial de la especie
hecho diente
en la boca vacía de don Pedro,
funámbulo de mi esquina.
Hoy fue el día en que mis preguntas
no alcanzaron ninguna estrella,
y en que mi muerte fue mi traje,
disfrazada de desierto.
La luna no estaba,
o mis pulmones no alcanzaron a oír.
Como estaba en todas partes
no estuve en ningún lado y, cavilando,
tragué un absurdo caldo de espejos.
Yo mismo sospecho de estar hablando.
Por eso perdoname, viento,
por ser apenas una piedra.
Perdoname, hoguera,
porque no soy aún semilla.
Perdoname, gallo de la mañana,
por no penetrar en vos como un sol.
Perdoname, amor imposible,
por huir de tu promesa.
Porque las guerras no son más importantes
que los instantes en que sus muertos
habitan otra vez el mundo.
¡Perdoname, polvo, por creerme real!
Hoy todo aconteció,
como cuando nace un ojo
o don Pedro sueña.
El principio y el final se tocaron
en donde no podían.
En uno
de esos días de la historia.
Del libro: Ciudad lunar, 2014
Un acurrucarse de los huesos,
un parto con millones de bocas,
es decir mi necesidad,
es decir las murallas entre las palabras más simples
y los abismos acechantes de la superficie.
Alguien dijo de eso locura.
Hoy fue el tiempo que pasó de lejos y mis manos,
que pasaron de cerca.
Hoy fue mi plegaria inútil
frente a la devoración del verano.
Hoy el peregrinar inmemorial de la especie
hecho diente
en la boca vacía de don Pedro,
funámbulo de mi esquina.
Hoy fue el día en que mis preguntas
no alcanzaron ninguna estrella,
y en que mi muerte fue mi traje,
disfrazada de desierto.
La luna no estaba,
o mis pulmones no alcanzaron a oír.
Como estaba en todas partes
no estuve en ningún lado y, cavilando,
tragué un absurdo caldo de espejos.
Yo mismo sospecho de estar hablando.
Por eso perdoname, viento,
por ser apenas una piedra.
Perdoname, hoguera,
porque no soy aún semilla.
Perdoname, gallo de la mañana,
por no penetrar en vos como un sol.
Perdoname, amor imposible,
por huir de tu promesa.
Porque las guerras no son más importantes
que los instantes en que sus muertos
habitan otra vez el mundo.
¡Perdoname, polvo, por creerme real!
Hoy todo aconteció,
como cuando nace un ojo
o don Pedro sueña.
El principio y el final se tocaron
en donde no podían.
En uno
de esos días de la historia.
Del libro: Ciudad lunar, 2014
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Graffiti en Laranjeiras, Rio de Janeiro |



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