Piedras animales o el arte de parir sueños. Pequeño auto-relato poético.

En el principio fueron los [malos] adjetivos


Según mis cálculos, hace treinta y dos años que vengo escribiendo poesía. Comencé medio sin saber lo que estaba haciendo, a los trece años de edad, porque en esa época aún era costumbre cantar serenatas y a mí me pareció que tendría más chances de encontrar una novia si, además de los boleros consagrados, podía ofrecer algunas palabras un poco más seductoras a las chicas que visitábamos de vez en cuando, en pequeños grupos armados de guitarras y maracas, para cortejar. Nada más equivocado, ya que nunca conseguí novia "serenateando" o recitando un poema. Y tal vez ese fue mi primer aprendizaje sobre la completa inutilidad de la poesía para conseguir cualquier cosa en esta vida. 

Lo más curioso del caso es que a mí terminó gustándome eso de escribir y cuando me di cuenta ya estaba garabateando locamente un montón de adjetivos desaliñados de los que los pobres sustantivos no tenían cómo escapar. Así, como que sin querer, de repente me vi en medio de un verdadero frenesí de palabras, como si estuviera aprendiendo de nuevo a hablar. Y digo que eso fue curioso porque en mi casa no había lo que pudiera llamarse de "un ambiente favorable a las letras", entonces no fue por ahí que me vino aquello. 

Claro que debo reconocer el inmenso valor que algunas enciclopedias y libros de historias infantiles y adolescentes que había en casa tuvieron para mí en aquellos años. En especial me recuerdo del libro Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, que me causó gran impresión y que aún hoy considero una de mis primeras grandes exploraciones cósmicas. El Capitán Nemo a mando del Nautilus, solo en su libertad infinita; los monólogos con sus prisioneros; aquellas ilustraciones de Doré... todo eso fue realmente importante para mí porque me hizo pensar e ir más allá, siempre lejos en los mapas, casi obsesivamente atrás de alguna cosa que nunca se sabe. 

Y así fue andando la vida y ya hacia mitad de los noventa yo tenía un cierto currículo que me hacía creerme "todo un poeta". Había pasado por algunos talleres y grupos literarios (cariño especial por el Taller Literario de Chico Zúñiga, en el Instituto Nacional de Seguros) y había escrito unas cuantas colecciones de poemas; había leído algunos poetas nacionales importantes, mucho Neruda, los clásicos españoles y las vanguardias europeas (más que nada la Generación del 27, más Vallejo, Huidobro y los franceses) de las primeras décadas del siglo XX; dos o tres revistas sin importancia habían publicado mis poemas y yo había leído en público algunos de ellos. En síntesis, un "grande poeta" había venido al mundo (o, al menos, eso me parecía). 

Pero como no hay ilusión que dure para siempre, sucede que para esa misma época vino con toda su fuerza una "crisis de identidad" que me hizo pasar a detestar todo lo que había escrito hasta entonces. Ya había pasado unos diez años escribiendo, pero a esas alturas todo me parecía una copia sin gracia de cosas que había leído antes, que había leído antes, que había leído antes... Literalmente, vi que todos esos papeles eran un montón de palabras gastadas donde no había una coma de autenticidad. Y abrir los ojos honestamente para ese hecho me llevó a tomar la decisión de hacer una gran hoguera y quemar todos los poemas hasta entonces escritos, de una sola vez. 

Eso fue lo que hice: un buen día de 1997, junté bastante leña y monté una pirámide con ella; dentro, estaban las cajas con las carpetas de todos esos años. Le puse aguarrás suficiente, prendí fuego y me quedé contemplando las llamas levantarse con bastante intensidad, luego decrecer, luego apagarse. Dancé un poco, bebí algún alcohol perdido, canté, en fin, esos pequeños rituales de la destrucción. Listo, en pocos minutos, todo aquello era parte del pasado. Así, mal adjetivo por pésimo adjetivo, sujeto sonto por predicado acéfalo, letra sobre letra: todo se fue al carajo. Y creo que lo más importante de todo ese episodio fue que el "gran poeta" que había en mí también fue devorado por el fuego.

La imagen calcinada


Y fue eso: ahí estaba yo, sin nada para llamar de mío. Suelto y libre y sin ningún compromiso con aquel montón de cenizas. Cabe incluso hablar de una experiencia catártica. Poco después, una fuerza nueva me tomó por asalto y recomencé a escribir en busca de lo que yo quería decir de verdad, de eso que llaman "una voz propia", que aunque eventualmente sea una cosa un poco naif, es en realidad  algo muy importante en la vida de toda persona que quiere hacer algo que valga la pena. 

En ese período, creo que durante la Semana Santa de 1997, escribí de un tirón lo que vendría a ser mi primer libro de poemas publicado: La imagen calcinada. Es imposible no ver en ese título las reminiscencias de mi hoguera personal, tanto la de los poemas consumidos como la que yo mismo estaba viviendo. 

Gracias a Jorge Boccanera, a quien le había enviado un borrador, terminé conociendo a Jorge Arturo y Manuel Arce, de Editores Alambique, quienes me contactaron tras leer el material que Boccanera por su vez les había pasado. Fue un encuentro fundamental en mi vida no solo porque el libro terminó publicado, sino por la amistad con Jorge y Manuel, quienes fueron grandes apoyos para mí durante muchos años, grandes amigos del corazón.

De todo aquello, pues, terminó saliendo este libro: La imagen calcinada

Después de La imagen calcinada, con Editores Alambique publicaría otros tres libros de poemas entre 2000 y 2008, de los cuales hablaré brevemente a seguir. 


El círculo de fuego


El círculo de fuego fue publicado en 2000. Es un libro denso y críptico, difícil de leer hasta para mí. La verdad que no me lo propuse, eso fue lo que vino y ya. Es un libro de frases cortadas, directas, casi símbolos de otra cosa que asoma sin aparecer nunca. Epigramas queriendo ser ideogramas. Agua queriendo grabar su movimiento en el aire, en la piedra. Fuego, entonces, que se reconoce en la devoración de su propio acontecer.

Es un libro que se reinventa cada vez que lo leo, como si nunca pudiera realmente saber qué fue lo que se dijo allí, de dónde brotaron aquellas palabras o tan siquiera quién las dijo. Algunas veces, siento que es el mejor libro que ya escribí; otras, me parece monótono y cansado, casi ajeno. Lo cierto es que aún hoy, casi veinte años después de haber escrito esos poemas, siguen encerrando un aire de misterio un tanto laberíntico, se resisten a una lectura fácil e inmediata. Realmente, es mucho lo que uno ignora acerca de las cosas que escribe. 

Tal vez fue en ese tránsito que muchas preguntas se desanudaron en mi camino. El libro tiene una carga existencial bien fuerte, predominando una narrativa angustiada y cerrada en sí misma, pero termina con un poema de paz íntima, como quien pasó por sus propios infiernos y al final pudo restablecer la conexión con su verdadera naturaleza interna.  Ahora, a la distancia, entiendo mucho mejor que no fue nada casual que la portada del libro se basara en un dibujo del budismo Chan, por su vez inspirado en el Taoísmo, asociado con la total transcendencia donde todas las cosas se mezclan y disuelven en la vacuidad primordial. Lo que uno busca a través del lenguaje es ir siempre más allá de toda expresión posible.

En fin, para quién desee leerlo, el libro puede ser descargado aquí: El círculo de fuego


La ruta de la seda


La ruta de la seda data de 2005. Ese libro continúa y profundiza temas que ya venían aflorando en mis poemas, en especial la metáfora del viaje iniciático, de transformaciones profundas, que la búsqueda poética hacen posibles y urgentes. Toma prestado, claro está, el nombre de la mítica ruta comercial que articulaba China con el resto del continente euroasiático y Oriente Medio, arteria del comercio mundial durante varios siglos y símbolo de aventuras, peligros, riquezas incomparables, búsquedas, pérdidas, imperios y dinastías, descubrimientos e invenciones...

Había leído en ese tiempo El libro de las maravillas, de Marco Polo, así como Las ciudades invisibles, de Italo Calvino y esas lecturas me influenciaron mucho: todo ese ambiente de viajes a lugares distantes, casi imposibles, de alguna forma atraviesa el libro, tanto para hablar de los viajes externos como de los viajes internos hacia el centro del corazón de la vida.

Ese libro también es especial para mí porque fue durante su escrita que hubo algunos cambios bien profundos en mi trabajo, tanto a nivel de estilo como de temas. Eso ya se percibe más claramente en la segunda parte del poemario. Y ese cambio fue ampliándose a partir de entonces. Por eso lo recuerdo con grande cariño y sus poemas aún me son familiares y puedo conversar con ellos, porque  de varias maneras aquel libro definió un camino nuevo para lo que yo haría en los años siguientes.

Para descargar el libro, clicar aqui: La ruta de la seda

Abrevadero


El título Abrevadero me vino súbitamente a la cabeza después de haber escrito el libro, hacia finales de 2007 o inicios de 2008. La referencia fue un verso de Olga Orozco ("...en el abrevadero de los hombres") que a estas alturas de la vida no voy a recordar a cuál poema pertenecen. Tampoco importa. 

Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y Yehuda Amijai eran en aquel tiempo mis poetas predilectos. Lo digo apenas porque su presencia es constante en esos poemas y desde entonces esas influencias nunca me abandonaron por completo. No tanto por el estilo, pero sí por la sensibilidad y la elección misma de los asuntos. Abrevadero es un libro lleno de muertes, nacimientos y renacimientos. Un libro escrito desde el asombro donde vida, muerte y amor danzan y se recrian en la forma de una pregunta silenciosa que nadie podrá, siquiera, formular. 

Así, creo que los poemas de este pequeño libro son los poemas más humanos (¡oh, Vallejo, siempre!) que ya escribí. Hablan de mí y de otros, de personas cercanas que murieron, de otras que vinieron, de los miles de otros seres anónimos con los cuales comparto horizontes y destino en este planeta. Es un libro que habla de las cosas cotidianas como que vistas a través de preguntas y hendiduras que fragmentan lo obvio y muestran lo trascendente contenido en una taza de café. 

El tiempo y la muerte siempre están al acecho en esos poemas, respirándote en la nuca. Se puede sentir su aliento cálido atrás de cada paso, en tu propia sombra. Pero no son una muerte trágica o mórbida ni un tiempo cronológico. Son apenas los hechos simples, cotidianos, directos, de morir y transcurrir, que todo lo transforman y todo lo hacen más vívido y presente para quien tiene, todavía, la buena fortuna de respirar. 

Para abrevar un poco, el libro puede ser descargado clicando aquí: Abrevadero

Libros no publicados


Después de publicar estos cuatro libros (el último de ellos en 2008) me trasladé a vivir a Brasil, donde aún me encuentro y donde continué escribiendo sin parar hasta el día de hoy (aunque en los últimos dos o tres años he escrito mucho menos, debo decir). 

Aquí en Brasil, de cualquier forma, terminé o escribí por completo otros cuatro libros, algunos de los cuales fueron escritos, la verdad, entre Costa Rica y Brasil. En estos años, prácticamente no he tenido ninguna relación con el ambiente literario o artístico. Al salir de  Costa Rica, perdí todos mis lazos (que ya eran bien pocos, a decir verdad) con esos círculos y aquí en Brasil, en parte debido a mi propio desinterés en frecuentar estos ambientes así como también dadas las dificultades de compartir poemas en español en un país donde relativamente pocas personas conocen o se interesan por este idioma, el hecho es que no cuento con ninguna interlocución relevante ni con perspectivas de publicación de mis poemas en el medio.

Así que durante una década entera he escrito y organizado mis poemas sin ningún contacto con otras personas que también se dediquen a la literatura. Los he compartido ocasionalmente, con personas cercanas, pero la inmensa mayoría de mis amigos y conocidos por aquí, ni siquiera sospechan de mi vínculo con la poesía. La verdad que esto ha tenido un lado muy positivo, porque tengo completa libertad de decir, no decir, escribir o no escribir, sin me sujetar al juicio moral de ser "un poeta" y tener que sostener la máscara. 

De cualquier forma, el deseo de compartir estos libros siempre ha estado latente y el motivo por el que me dispuse a criar este blog ha sido, justamente, el de ponerlos a disposición de las personas aquí en la Internet. Como ya dije en algún otro lugar, escribir no sirve "ni para robar un banco ni para darle de comer a los perros". No obstante, creo que mis poemas reflejan un tránsito humano, situaciones, emociones e ideas que otros como yo pueden haber vivido o estar viviendo. 

Así, quién sabe que compartir estas palabras no sea una bella forma de juntarnos alrededor del fuego y compartir un poco nuestro destino común de brevedad, sueño y deseo. Eso mismo es lo que yo he encontrado a lo largo de mi vida en los y las poetas que me acompañaron y que siguen hasta hoy siendo parte de mi camino. Por eso, talvez sea un deber compartir lo que uno ha escrito, no para ganar reconocimiento, premios o algún tipo de prestigio, mas con la misma actitud de quien comparte lo poco de agua que le resta en medio del desierto. 

En fin, los cuatro libros inéditos de los que estoy hablando se titulan, respectivamente: El cazador de la luna, Piedras animales, Poemas marginales y Ciudad Lunar. A seguir, haré algunos breves comentarios sobre cada uno y también los disponibilizaré para el lector que desee dar una hojeada. 


El cazador de la luna


Este libro es, sin duda, el libro que más años me llevó escribir y organizar en su versión definitiva. Así, casi todos los textos datan de 2000 y 2001, pero el libro inicialmente era mucho más extenso y, sinceramente, de una calidad bastante discutible. Durante años, fue trabajando y descartando muchas páginas hasta que finalmente todo se redujo a un libro de apenas dieciséis poemas, pulidos y articulados tanto cuanto me fue posible. 

Escribí el libro durante y después de una relación amorosa bastante intensa y difícil, así que muchas veces caí en el sentimentalismo barato y perdí la noción de lo que realmente era escribir un libro de poemas. Eso sin contar con la extrema dificultad que encierra escribir un libro como poemas "de amor". Aquella primera versión debía tener unas ochenta páginas, era farragoso, sobrecargado y llorón. Pero yo sentía que había alguna cosa de valor allí en medio y nunca desistí del libro. Terminé de organizar la versión final apenas en 2008, poco antes de venir a Brasil, y ya estando aquí aún modifiqué algunas cosas en los títulos y organización del conjunto, en fecha tan tardía como 2017. 

Con tanto trabajo, alguien podría imaginar que se trata de un "librazo". Bueno, a mí me parece más bien un texto modesto, pero en compensación, también honesto y muy trabajado. Para mí eso cuenta más, al final. No pretendo que sea una obra de arte que va a transformar la literatura universal, entonces eso me deja en paz conmigo mismo. Así que quien desee dar una pasadita rápida por su contenido, puede descargarlo a seguir: El cazador de la luna

Piedras animales


Este es el título de un libro escrito a medio palo entre Costa Rica y Brasil. Buena parte de los poemas deben datar de la época en que estaba escribiendo Abrevadero, o sea del período de 2005 a 2008, ya que percibo en ellos cierta semejanza en tonalidad y temática. Ya otros son más recientes, creo que finalicé la escritura más o menos en 2013. 

La organización del texto no es cronológica sino que se orientó por afinidades y en función de un diálogo / danza interna entre los propios poemas. Esas 'piedras animales' son, para mí, como bichos fantásticos que viven en la Tierra desde los días lejanos del comienzo; son la domesticación del fuego y las brasas, el arte rupestre, la música bajo las estrellas; son las tripas hambrientas y el hálito de la vida que trasuda en nuestra respiración. Son cosas así, de ese estilo animal, feroz y elemental que cargamos dentro y que nos definen mucho más que nuestra pretendida civilización, las que pueden ser encontradas en este libro: Piedras animales 

El mismo título lo he tomado para este blog porque me parece que todos los poemas que he escrito, hasta el día de hoy, son como animales inscritos en la piedra que cobraron vida propia y salieron a andar por el mundo, por los milenares caminos que tantos pies hollaron, caminos que lo llevan a uno a las remotas ciudadelas de la propia respiración. 


Ciudad lunar


Ciudad lunar es el único de mis libros completamente escrito en Brasil. Fue escrito entre 2011 y 2014 y llevó unos dos años más para estar bien organizado y pulido. Es un libro que dialoga con Rio de Janeiro como el referente citadino de fondo, aunque nunca pretendí que fuese un libro ambientado en la ciudad ni nada por el estilo. Solo que vivo aquí en Rio de Janeiro y era inevitable que sus calles, iglesias, monumentos y personajes terminaran colándose de una u otra forma en mis versos. 

El poema que abre el libro y le da título, por ejemplo, fue escrito una noche contemplando desde mi ventana todo el centro de la ciudad de Rio, desde la Alcaldía hasta la Catedral de la Candelaria y el puerto, pasando por la Central do Brasil, el Morro da Previdência (donde fue establecida la primera favela carioca, más o menos en 1897) y la Avenida Presidente Vargas. La luna llena en su esplendor bañaba la ciudad y, a cierta hora de la noche, las calles ya habían adquirido esa tonalidad blanco brillante que hizo de la ciudad un pedazo de la luna en frente de mis ojos. El edificio donde vivía era lo suficientemente alto como para tener una visión panorámica de 360 grados y de alguna forma aquello todo quedó impreso en el poema.  

De todas formas, el libro no tiene o desarrolla una temática urbana propiamente, siendo la ciudad más una metáfora que una referencia específica. A lo largo del libro, toco los temas y preocupaciones de mi vida durante este último y más cercano período, nuevas preguntas en un nuevo país donde me establecí y desde el cual vivo ahora mis proximidades y rupturas, mis elecciones y mis búsquedas. Puede ser descargado aquí: Ciudad lunar

Poemas marginales


Finalmente, voy a hacer un breve comentario sobre este libro. Como escribí una pequeña introducción al mismo, no voy a detenerme aquí en nuevos detalles. Basta decir que se trata de una colección de poemas organizada cronológicamente y que cubre un período bien extenso, yendo de 1999 hasta 2017. Son poemas que fueron quedando "al margen" de mis otros libros, poemas que quedaron sueltos y que nunca integré en ninguna colección, hasta que un buen día decidí juntarlos y ponerlos bajo un mismo techo. 

El nombre que escogí para la colección juega con la doble dimensión de la palabra "marginal": como un algo que está al margen y como un alguien que ha sido descartado y que por eso mismo, se rebela y vuelve. Son poemas que en su mayoría retornaron después de un largo olvido y ahora están aquí para quien tenga paciencia y coraje para adentrar en estas páginas. A la colección así elaborada decidí juntar mis poemas más recientes, escritos hasta el año pasado. Puede ser descargada en este enlace: Poemas marginales

En los últimos tiempos, no obstante, he dejado de escribir con la misma frecuencia e intensidad de años anteriores. Sigo amando la poesía y sin poesía, no lo dudo, la vida sería un erial miserable. Pero en los últimos dos o tres años he estado viviendo un proceso interno que me ha aproximado mucho más que nunca al silencio, a la comprensión de la vacuidad inherente a todos los fenómenos y a la casi inevitable conclusión de que el no más decir es la más auténtica forma de experimentar la realidad. Hay un silencio preñado que todo lo habita pero que nosotros aún precisamos aprender a habitar.

De cualquier forma, vamos a ver. Quién sabe y no me anime cualquier día de estos y me ponga de nuevo a garabatear malos adjetivos sobre las espaldas de sustantivos indefensos. Quién sabe no me vaya de nuevo a viajar por los abismos espejeantes de una página en blanco. Todo tiene su tiempo, así, escribir no es una excepción. Por tres décadas completas he estado enteramente dedicado a las palabras, a la búsqueda infinita de su presencia ausente, como quien busca una llave que da acceso a la fuente de los sueños. 

Es posible que haya llegado la hora de apenas sentarme a tomar un café y observar la vida pasar, dando saltos, camino a su perdido paraíso.

Querido lector: gracias por haber llegado hasta aquí y espero que la lectura de estos poemas pueda encontrar complicidad y humanidad en el corazón de quien vino a ellos buscando una respuesta a una pregunta que tal vez no existe.




Gerardo Cerdas Vega
Rio de Janeiro, 10 - 25 de marzo de 2018. 




Num muro, Jardim Botânico, Rio de Janeiro






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