¿Quién llama?
¿Quién llama? ¿Acaso vos, padre,
con tu boca de pescado muerto
y tu asombro siempre inútil ante mis palabras?
Nada quiero decir de nuestras sombras
habituales, ni del espejo espía
que bramaba si andabas cerca,
quizá con dientes, o llenándote de miedo
por mi aliento mentiroso.
No respondo, sigo
trazando impávidas serpientes debajo de la cama,
encaramado en la pared,
viviéndome en las grietas que permanecen
por allí como testigos
de un ángel con insomnio.
Después de todo, bien podemos
hacer un inventario de las cosas halladas,
quizá de lo perdido, materias
que nos ponen acechantes y monstruosos,
vos para mí, yo para tu sombra.
Nada ha cambiado, aunque ya no somos
los mismos: mis palabras
manan astros que nadie recoge,
una mano asoma
y los pone delante tuyo,
inundados, intactos,
para que vos digás lo que haga falta.
Del libro: La imagen calcinada, 1997.
con tu boca de pescado muerto
y tu asombro siempre inútil ante mis palabras?
Nada quiero decir de nuestras sombras
habituales, ni del espejo espía
que bramaba si andabas cerca,
quizá con dientes, o llenándote de miedo
por mi aliento mentiroso.
No respondo, sigo
trazando impávidas serpientes debajo de la cama,
encaramado en la pared,
viviéndome en las grietas que permanecen
por allí como testigos
de un ángel con insomnio.
Después de todo, bien podemos
hacer un inventario de las cosas halladas,
quizá de lo perdido, materias
que nos ponen acechantes y monstruosos,
vos para mí, yo para tu sombra.
Nada ha cambiado, aunque ya no somos
los mismos: mis palabras
manan astros que nadie recoge,
una mano asoma
y los pone delante tuyo,
inundados, intactos,
para que vos digás lo que haga falta.
Del libro: La imagen calcinada, 1997.
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Graffiti, Laranjeiras, Rio de Janeiro |



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