Reencuentro

Me juraste que seríamos felices
una mañana de sábado
en la feria de cachivaches de la Praça XV.

El siglo recién comenzaba y yo dejé por vos 

mis montañas y mis espejos 
para seguirte a este país bruto y voluptuoso donde he encontrado 
- ¿sin querer? - 
el nombre más profundo de mi sangre.

No fuimos felices
y la feria ya no existe más, 

devorada fue por esa fiebre extraña 
que hasta hoy es llamada de progreso.

Nos perdimos entre sertões y veredas,
entre amores apócrifos donde nos buscábamos 

como perros del desierto,
entre la memoria y la necesidad.

Queríamos beber todos los vinos y embriagarnos de luz, 

de cáñamos, oficiar un rito incendiario, deflagrar una revolución.

Pero hoy, al encontrarnos,
nuestras manos se tocan y no se reconocen: 

algo como dos planetas un poco más viejos
girando alrededor de algún Sol.

Apenas una luz fina como polvo
que nos cubre y nos consuela de esa inmensa felicidad,
nunca compartida.




-2016-


Graffiti en Laranjeiras, Rio de Janeiro

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