ENTRE MI MANO Y LA TINIEBLA
El Invisible no tuvo ayer piedad.
Eliseo Diego
Entre mi mano y la tiniebla
la luz es un milagro
ancestral.
Estoy al borde de mí mismo
y sé
que nada importa haber
muerto ayer por la tarde
o alguna vez en el primero
de los siglos.
Hoy volví a ser invadido
por la necesidad,
el hambre vivificó mis
entrañas
y dije: entre mi mano y la
tiniebla
el Invisible no tendrá
piedad.
Afuera, adentro,
un hombrecillo de pan fuma
un cigarro oscuro.
Los pájaros mordisquean el
humo.
¿Y qué es lo que yo sé?
Entre mi mano y la tiniebla
el Invisible escribe un
nombre, fuma,
apaga la lámpara
y dejamos de existir.



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