EL LUGAR AL QUE QUIERO IR NO EXISTE
1
El lugar al que quiero ir no existe.
Las palabras que quiero pronunciar
son insondables.
Y aquí, en este sitio,
la luz sangra opacidades,
mi nombre se mece como un ahorcado,
con la lengua apuntando en todas direcciones.
2
Como si fuera yo mismo,
exhalo un humo denso:
por él llora mi voz, decapitada,
y algunas veces logra sonreír.
Por eso, quiero conocer ese lugar
donde se han vuelto ciegos
todos los espejos,
donde un dios miserable
arrastra los muñones de su antigua plenitud,
o cae, herido de muerte,
a punto de enloquecer.
Mi deseo tiene las manos
manchadas de sangre.
3
¿Alguien conoce ese lugar?
¿Amantes encadenados gritan?
¿Es cierto que aúlla el aire
de llantos que matan sin dolor?
¿El día es largo y se pueden
contar los pelitos a la soledad?
4
Con estas palabras
podría construir dos ciudades,
dar por trono a una mi esqueleto,
a la otra la carne de mi corazón.
Sería posible amamantar un perro
que en las fauces lleve mi cabeza
por calles y por tiempos.
Pero nunca (quiero decir: nunca)
será posible aquél lugar
que me llena de piedras todos
los rincones de la piel.
Porque la muerte
que quiero morir ha muerto.
Las palabras con que lo intento,



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